“Dios, no me abandones”

Baumgartner rompió la barrera del sonido, más de 1.130 kilómetros por hora, llegó a los 1.173, apenas a los 45 segundos de lanzarse al vacío, desde el soporte exterior de la cápsula, en una vista impresionante.

“Dios, no me abandones”
Justo antes de dar el salto desde el soporte de la cápsula, el pensamiento de Baumgartner se dirigió hacia Dios. Él lo recuerda de este modo: “cuando yo estaba de pie en la cima del mundo, tan humilde, tú no piensas en batir records. Yo pensaba en volver con vida. No quieres morir frente a tus padres y toda esa gente… Yo pensé: ‘por favor, Dios, no me abandones’”.
El piloto austríaco comentó también que consideró abortar la misión en dos ocasiones. Una vez, cuando en la cápsula se le volvió a empañar la visera debido a la frialdad de su aliento. Explicó: “En un momento dado parecía que ésta iba a ser una misión a abortar. En nuestra lista de cosas que teníamos previstas esto era una posibilidad para abortar, si tú no puedes ver nada como para no poder salir de la cápsula”.
“La segunda vez fue cuando entró en un giro incontrolable”. Baumgartner tenía un botón que activaba un paracaídas para detener su giro, lo que significaba que él no podía romper récords de velocidad.
“Ese giro se hacía tan violento que era difícil saber cómo salir de él. Tuve la oportunidad de tenerlo bajo control y romper la barrera del sonido”, añadió.
“Sé que el mundo entero está mirando en este momento y deseo que el mundo pueda ver lo que puedo ver. A veces hay que subir muy alto para entender lo pequeño que eres en realidad”, subrayó Baumgartner sobre su experiencia.
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