
La nota hablaba sobre aquello para lo cual cada uno de nosotros está puesto en el mundo. Daba el ejemplo de un excelentísimo pianista venido a nuestro país desde un continente, un mundo, una sociedad totalmente diferentes a la nuestra y que consiguió trabajo en el patio de comidas de un centro comercial al cual la gente iba a comprar y no a escuchar música de Mozart, Chopin u otros clásicos. Este hombre se enfrascaba en tocar de la mejor manera, porque para ello consideraba que estaba allí, eso era lo que sabía hacer, para lo cual había nacido, para lo cual le pagaban en ese momento, sin importar el lugar donde lo hiciera o si alguien se detenía a prestarle atención.
A Juan el Bautista le preguntaron: “¿Tú, quién eres?... ¿Eres tú Elías?... ¿Eres tú el profeta?... ¿Pues quién eres?... ¿Qué dices de ti mismo?” (Juan 1:19-22)
¿Sabemos cuál es nuestra función y para qué estamos donde nos encontramos en este preciso momento?
Jesús dijo:
A las preguntas, Juan el Bautista pudo contestar con seguridad:
La nota de la revista finalizaba diciendo: “Cuando pensemos que nadie presta atención a lo que estamos haciendo, recordemos al pianista. El estaba haciendo su trabajo, y el resto no tenía la menor importancia”
Lo que parecía una misión imposible para el profeta, debía hacerse de todos modos:
¿En qué camino debemos andar, cuál es nuestro trabajo? Tenemos uno, sin dudas y debemos reconocerlo ya que en el futuro daremos cuentas a Dios por ello:
Recordemos: Lo mejor que podemos hacer con nuestras vidas es andar en el camino que Dios nos ha preparado, haciendo lo que debemos.
Fuente: daresperanza.com.ar
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